Turning Forty

 

At times it’s like there is a small planet
inside me. And on this planet,
there are many small wars, yet none
big enough to make a real difference.
The major countries—mind and heart—have
called a truce for now. If this planet had a ruler,
no one remembers him well. All
decisions are made by committee.
Yet there are a few pictures of the old dictator—
how youthful he looked on his big horse,
how bright his eyes.
He was ready to conquer the world.

– Kevin Griffith

 

Llegar a los cuarenta

Cada tanto parece que un pequeño planeta
girase en mi interior. Y que en ese planeta
se pelearan muchísimas batallas, si bien ninguna
capaz de provocar una real conmoción.
Los países principales (la mente, el corazón)
han llamado a una tregua. Si alguna vez aquí
hubo algún soberano, nadie puede acordarse.
Todo ahora se decide por consenso.
Pero aún quedan un par de fotos del antiguo dictador:
¡Qué joven se lo ve montado en su corcel!
¡Qué brillo hay en sus ojos!
Listo para salir a conquistar el mundo.

[versión de Daniela Camozzi]

 

Cumpleaños cuarenta

A veces siento que dentro de mí
hay un pequeño planeta. Y en él
se libran muchas guerras, aunque no hay
grandes batallas que cambien la historia.
Las potencias principales —mente y corazón—
por ahora están en tregua. Si este planeta
tuvo un monarca en otros tiempos,
nadie lo recuerda bien. Todas las decisiones
se toman en asamblea.
Pero aún quedan algunas fotos del antiguo dictador:
qué joven se veía montado en su caballo,
qué chispeantes sus ojos.
Se preparaba para conquistar el mundo.

[versión de Isadora Paolucci]

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Némesis

En 2018, Editorial Avanti publicó Cuentos de H. P. Lovecraft II en traducción nuestra. El libro (sucesor de Cuentos de H. P. Lovecraft, que también tradujimos) reúne tres relatos; uno de ellos, “El morador de las tinieblas”, lleva como epígrafe estos cuatro versos de un poema del propio Lovecraft, “Némesis”, originalmente publicado en 1918:

I have seen the dark universe yawning,
Where the black planets roll without aim;
Where they roll in their horror unheeded, without knowledge or lustre or name.

Se reconoce a Lovecraft por su cuentística, en desmedro de su producción poética; pero la concisión y el ritmo de la poesía, el martillar de las imágenes en manos del maestro del terror cósmico, producen artefactos expresivos que causan tanto o más miedo que sus relatos.

La palabra horror se vuelve aún más horrorosa en un poema, y el giro absurdo de los astros, aún más absurdo.

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The Tragedy of the Leaves

I awakened to dryness and the ferns were dead,
the potted plants yellow as corn;
my woman was gone
and the empty bottles like bled corpses
surrounded me with their uselessness;
the sun was still good, though,
and my landlady’s note cracked in fine and
undemanding yellowness; what was needed now
was a good comedian, ancient style, a jester
with jokes upon absurd pain; pain is absurd
because it exists, nothing more;
I shaved carefully with an old razor
the man who had once been young and
said to have genius; but
that’s the tragedy of the leaves,
the dead ferns, the dead plants;
and I walked into a dark hall
where the landlady stood
execrating and final,
sending me to hell,
waving her fat, sweaty arms
and screaming
screaming for rent
because the world had failed us
both

– Charles Bukowski

 

La tragedia de las hojas

Me desperté y todo era sequedad; los helechos muertos,
las plantas de las macetas, amarillas como mazorcas;
ella se había ido
y las botellas vacías eran cuerpos sin sangre
que me rodeaban en su sinsentido;
pero todavía daba el sol,
y la nota de la casera se quebraba en un perfecto
y complaciente amarillo; era el momento ideal
para un buen comediante, al estilo clásico, un bufón
que bromeara sobre lo absurdo del dolor; el dolor es absurdo
porque existe, ni más ni menos;
con una navaja gastada afeité despacio
a ese hombre que alguna vez había sido
una joven promesa; pero esa es
la tragedia de las hojas,
los helechos muertos, las plantas muertas;
salí a un pasillo oscuro,
donde esperaba la casera
para poner punto final,
para maldecirme,
para mandarme al infierno,
mientras agitaba sus brazos gordos y sudados,
y pedía a los gritos que le pagara el alquiler
porque el mundo nos había cagado
a los dos

[versión de Isadora Paolucci]

 

La tragedia de las hojas

Me desperté y vi todo reseco, los helechos muertos,
las otras plantas amarillentas como paja;
mi amante ya no estaba
y las botellas vacías eran cuerpos desangrados,
inútiles, a mi alrededor;
pero el buen sol seguía ahí
mientras la nota de la encargada se deshacía
en un amarillo impecable y manso; solo faltaba
algún gran comediante, de la vieja escuela,
que hiciera chistes sobre lo absurdo del dolor; el dolor
es absurdo porque existe, y punto;
con una vieja navaja afeité despacio
a ese hombre que alguna vez fuera joven y aclamado
por su talento; pero esa es
la tragedia de las hojas,
los helechos muertos, las plantas muertas;
me metí por un pasillo oscuro,
y allí estaba la encargada
inapelable y atroz,
agitando los brazos gordos y transpirados,
mandándome al diablo
gritándome pagame, pagame el alquiler,
los dos
en el desahucio del mundo.

[versión de Daniela Camozzi]

 

 

Tell all the truth but tell it slant

Tell all the truth but tell it slant—
Success in Circuit lies
Too bright for our infirm Delight
The Truth’s superb surprise
As Lightning to the Children eased
With explanation kind
The Truth must dazzle gradually
Or every man be blind—

– Emily Dickinson

 

Para decir la verdad, hay que tomar un desvío—
el camino indirecto es el más acertado
brilla por demás para nuestra frágil Dicha
la magnífica sorpresa de la Verdad
Como se explica el Relámpago a un Niño
con la mayor delicadeza
la Verdad tiene que deslumbrar de a poco
o su luz nos dejará ciegos—

[versión de Daniela Camozzi e Isadora Paolucci]

 

Comentario:
A partir de una primera versión en la que intentamos respetar las rimas del original, y en la que no nos convencían algunas soluciones, fuimos trabajando cada verso. “El camino indirecto” que propone Emily terminó siendo el procedimiento de traducción
—de escritura— que nos resultó satisfactorio. En los dos primeros versos y en el último, nos alejamos (en apariencia) del original, para poder acercarnos a una expresión que sentimos más auténtica. Para decir la verdad, hay que tomar un desvío.

This Is a Photograph of Me

It was taken some time ago.
At first it seems to be
a smeared
print: blurred lines and grey flecks
blended with the paper;

then, as you scan
it, you see in the left-hand corner
a thing that is like a branch: part of a tree
(balsam or spruce) emerging
and, to the right, halfway up
what ought to be a gentle
slope, a small frame house.

In the background there is a lake,
and beyond that, some low hills.

(The photograph was taken
the day after I drowned.

I am in the lake, in the center
of the picture, just under the surface.

It is difficult to say where
precisely, or to say
how large or small I am:
the effect of water
on light is a distortion

but if you look long enough,
eventually
you will be able to see me.)

– Margaret Atwood

 

En esta foto estoy yo

Me la sacaron hace un tiempo.
Al principio parece
una copia que se arruinó:
líneas borrosas y motas grises
adheridas al papel;

pero después, al mirar
con atención, en el borde izquierdo
se ve algo parecido a una rama: parte de un árbol
(un abeto o un pino) que se asoma
y, a la derecha, en la mitad
de lo que debió ser una suave
pendiente, una pequeña casa de madera.

Al fondo hay un lago,
y más allá, algunas colinas.

(Me sacaron esta foto
el día después de que me ahogué.

Yo estoy en el lago, en el centro
de la imagen, bajo la superficie del agua.

Es difícil decir dónde
exactamente, o saber
si soy grande o pequeña:
el efecto del agua
sobre la luz
es una distorsión

pero si seguís mirando
finalmente
vas a poder verme).

[versión de Isadora Paolucci]

Ella, in a square apron, along Highway 80

She’s a copperheaded waitress,
tired and sharp-worded, she hides
her bad brown tooth behind a wicked
smile, and flicks her ass
out of habit, to fend off the pass
that passes for affection.
She keeps her mind the way men
keep a knife—keen to strip the game
down to her size. She has a thin spine,
swallows her eggs cold, and tells lies.
She slaps a wet rag at the truck drivers
if they should complain. She understands
the necessity for pain, turns away
the smaller tips, out of pride, and
keeps a flask under the counter. Once,
she shot a lover who misused her child.
Before she got out of jail, the courts had pounced
and given the child away. Like some isolated lake,
her flat blue eyes take care of their own stark
bottoms. Her hands are nervous, curled, ready
to scrape.
The common woman is as common
as a rattlesnake.


– Judy Grahn
(de The Common Woman Poems

 

Ellen, en uniforme de trabajo, sobre la ruta 80

Ella trabaja en un bar.
El pelo, cobrizo. El cuerpo, cansado. La lengua, filosa.
Disimula su diente cariado con una sonrisa torcida.
Zigzaguea entre las mesas
para esquivar el manoseo que finge ser caricia.
Afila la mirada como los tipos afilan un cuchillo:
así saca su mejor tajada. Tiene huesos delgados,
se zampa los huevos cuando están fríos, dice mentiras.
Si los camioneros se quejan, los sopapea
con un trapo mojado. Entiende la fatalidad del dolor;
desdeña, orgullosa, las propinas miserables;
y esconde una petaca bajo el mostrador.
Su novio abusó de su hija; ella le pegó un tiro.
Cayó presa; la justicia de un zarpazo
le sacó a la hija. Como un lago solitario,
sus ojos azules, gélidos, son guardianes
de su propio abismo. Sus manos, nerviosas;
sus dedos como garras
listas para el ataque.
La mujer común tiene tanto de común
como una serpiente venenosa.

[versión de Isadora Paolucci]

 

Elena, de delantal, en un bar de la Ruta 80

Ella es moza, de melena cobriza y está
agotada. De lengua viperina, esconde
tras su sonrisa burlona el diente picado
y zarandea el culo por costumbre pura,
para esquivar la palmada que pretende
hacerse pasar por caricia.
Lleva su actitud como un hombre lleva
su navaja: alerta por si hay que sacarla
a relucir. Su espina es fina, engulle
huevos enteros y dice mentiras.
Si algún camionero se queja, lo golpea
con el latigazo de un trapo mojado.
Entiende bien la necesidad del dolor,
a las peores propinas, altanera, las devuelve,
y oculta su petaca debajo del mostrador.
Le pegó un tiro a un chongo porque abusó
de su hija. Mientras estaba presa,
el juzgado atacó y la nena quedó
en adopción. Como el agua de una laguna
inaccesible, sus ojos azules, impávidos,
protegen su íntimo, inhóspito fondo.
Sus manos están siempre crispadas, listas
para dar el zarpazo.
La mujer común es tan común
como una víbora venenosa.

[versión de Daniela Camozzi]

A Valediction Forbidding Mourning

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My swirling wants. Your frozen lips.
The grammar turned and attacked me.
Themes, written under duress.
Emptiness of the notations.

They gave me a drug that slowed the healing of wounds.

I want you to see this before I leave:
the experience of repetition as death
the failure of criticism to locate the pain
the poster in the bus that said:
my bleeding is under control.

A red plant in a cemetery of plastic wreaths.

A last attempt: the language is a dialect called metaphor.
These images go unglossed: hair, glacier, flashlight.
When I think of a landscape I am thinking of a time.
When I talk of taking a trip I mean forever.
I could say: those mountains have a meaning
but further than that I could not say.

To do something very common, in my own way.

– Adrienne Rich

 

Irse y que no duela

El torbellino de mi deseo. El hielo de tus labios.
La gramática se rebela y me ataca.
Lo que se escribe bajo presión.
El vacío de las anotaciones.

¿Con qué me doparon para que mis heridas no cicatricen?

Quiero que veas esto antes de que me vaya:
la experiencia de la repetición es la muerte
el fracaso de la crítica para encontrar la pena
el cartel en el colectivo que decía:
mi hemorragia está bajo control.

Un ramo rojo en un cementerio de coronas de plástico.

Un último intento: el lenguaje es un dialecto al que llaman metáfora.
Estas imágenes no necesitan aclaración: piel, glaciar, relámpago.
Cuando pienso en un paisaje pienso en un momento.
Cuando hablo de viajar quiero decir para siempre.
Y si dijera: esas montañas algún sentido tienen
qué más podría agregar.

Hacer algo común y corriente, a mi propio modo.

[versión de Daniela Camozzi]

 

Despedida: prohibido llorar

Mis deseos girando en torbellino. Tus labios conservados en hielo.
La gramática se volvió en mi contra.
Temas que elegí bajo coacción.
La futilidad de los signos.

Me recetaron algo para que las heridas tardaran en cerrarse.

Quiero que veas esto antes de que me vaya:
la experiencia de la repetición como sinónimo de muerte
lo inútil de las críticas para detectar el dolor
el cartel en el ómnibus que decía:
mi sangrado está bajo control.

Una flor roja en un cementerio de coronas de plástico.

Un último intento: el lenguaje es un dialecto llamado metáfora.
Estas imágenes van sin nota explicativa: pestaña, glaciar, lámpara.
Cuando pienso en un paisaje estoy pensando en un momento.
Cuando hablo de hacer un viaje quiero decir para siempre.
Podría decir: esas montañas significan algo
pero no podría decir más que eso.

Hacer algo muy común pero hacerlo a mi manera.

[versión de Isadora Paolucci]